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El día que Chuck Norris madrugó a Rambo

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Antes de que Sylvester Stallone se amarrara la cinta roja en la frente y sacara su arco con flechas explosivas en Rambo II, un tipo con barba de candado y camisa de mezclilla desabotonada ya le había comido el mandado.

Ese tipo era Chuck Norris, y detrás de él estaban dos productores israelíes a los que el pudor les importaba un carajo.

El atraco de las fotocopias

Corre el año 1983. James Cameron —antes de convertirse en el rey de la taquilla mundial con Titanic y Avatar— era un guionista hambriento que escribió el primer borrador de lo que sería la secuela de First Blood. La premisa era dinamita pura para la era Reagan: John Rambo regresando a las selvas de Vietnam a rescatar prisioneros de guerra estadounidenses que el gobierno demócrata había abandonado por cobardía burocrática.

El libreto empezó a circular en fotocopias por las oficinas de Los Ángeles para buscar financiamiento. Una copia cayó en el escritorio de Menahem Golan y Yoram Globus, los dueños de Cannon Films.

Cualquier productor decente hubiera respetado los derechos de autor o esperado el estreno para subirse a la ola. Golan y Globus no eran decentes; eran piratas con chequera. Su reacción fue instantánea: «¿Para qué chingados nos esperamos dos años a que Stallone termine de ponerse mamado si podemos filmar esto el próximo mes?».

Filipinas a marchas forzadas

Cannon contrató a Chuck Norris, le cambió el nombre al personaje por «Coronel James Braddock», agarró dos millones de dólares y mandó a todo el equipo a la selva de Filipinas a filmar a ritmo de combate militar.

No hubo permisos caros, sindicatos estorbando ni efectos digitales:

  • La pólvora era real.
  • La selva estaba infestada de mosquitos y humedad asquerosa.
  • Si una lancha explotaba mal, no repetían la toma; metían la cámara más cerca para que pareciera más violento.

Mientras Hollywood seguía puliendo el contrato millonario de Stallone, Chuck Norris ya estaba saliendo del agua con una ametralladora pesada M60 en cada brazo partiendo vietcongs en dos.

El madruguete histórico

El resultado fue Desaparecido en combate (Missing in Action).

Se estrenó en los cines de Estados Unidos en noviembre de 1984.

Rambo: First Blood Part II no pisó una sala de cine sino hasta mayo de 1985.

Seis meses completos de ventaja. Cuando el público fue a pagar su boleto para ver a Stallone vengando la humillación de Vietnam, en realidad estaban viendo una copia de lujo de lo que Chuck Norris ya les había recetado medio año antes por una fracción del costo.

En taquilla total, Sly barrió: Rambo II metió 300 millones de dólares a nivel global. Pero en el balance financiero puro, el golpe maestro fue de los israelíes: gastaron menos de 2.5 millones de dólares y levantaron casi 23 millones limpios solo en las salas gringas, sin contar los millones que entraron después en los videoclubes de barrio.

Chuck Norris no necesitó un Oscar ni un guion de autor. Le bastó una fotocopia robada, dos cajas de dinamita y el descaro absoluto de una época donde en el cine pegaba dos veces el que disparaba primero.

Mr Harry Callahan

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